Visiones de los santos, de los mártires y los apóstoles – Sección 2

IX
Trabajos de San Bartolomé en Asia y Abisinia
El apóstol San Bartolomé predicó la fe primeramente en la India, donde dejó muchos
convertidos y discípulos. Después pasó a través del Japón, y volvió a la Arabia, por el
Mar Rojo, hacia Abisinia. Aquí convirtió al rey Polimio y resucitó a un muerto. En la
ciudad real de este país había muchos enfermos, que eran conducidos ante los ídolos.
Desde que Bartolomé llegó, el ídolo enmudeció. Había allí una casa llena de mujeres
endemoniadas. Bartolomé sanó y libró a esas personas, las evangelizó y las bautizó,
después que ellas abjuraron públicamente de sus errores y de su comercio con los
demonios.
El apóstol se entretenía frecuentemente y por largo tiempo con el rey Polimio, el cual
preguntaba mucho y a menudo lo dejaba para consultar con sus escritos. El apóstol le
respondía y resolvía sus dificultades. En cuanto a lo que decía el rey que la gente se
sanaba de sus enfermedades cuando iba delante del ídolo, el apóstol le declaró que las
gentes eran primeramente influenciadas por el demonio, y parecían enfermas: luego,
cuando eran presentadas delante del ídolo, aparentaban ser curadas, para que la gente no
se apartara del culto de los demonios. Le dijo que, desde ese momento. el demonio de
ese ídolo había quedado reducido a la impotencia, y que ya no podría obrar maravillas.
Le decía que todo esto lo vería más claro, si consentía consagrar el templo al verdadero
Dios y si se dejaba bautizar él y su pueblo, abrazando la fe de Cristo. El rey mandó
convocar a todo el pueblo y mientras los sacerdotes falsos ofrecían sacrificios, clamó
Satanás desde el ídolo que no lo hicieran, que él ya no podía obrar nada, que estaba
atado por el Hijo de Dios. Bartolomé le mandó, en nombre de Dios, que manifestara los
engaños de sus curaciones, y Satanás lo confesó, hablando por el ídolo. Después enseñó
Bartolomé en un lugar abierto y mandó al demonio se mostrase tal cual era, para que
viesen los paganos a quien adoraban. El demonio se mostró en forma de un hombre
negro y espantable, y delante de ellos se hundió luego en la tierra. Entonces el rey
Polimio mandó derribar todos los ídolos. Bartolomé consagró el templo al verdadero
Dios, bautizó al rey, a toda su familia y poco a poco a todo su ejército.
Bartolomé enseñaba, curaba a los enfermos y era muy querido de todo el pueblo.
Recibió el apóstol la orden del cielo de ir a ver a la Madre de Dios. Mientras tanto los
sacerdotes de los ídolos se dirigieron a Astiages, hermano de Polimio y acusaron a
Bartolomé como hechicero. Cuando Bartolomé volvió, después de la reunión con los
demás apóstoles, no alcanzó a entrar, porque fue aprehendido por los satélites de
Astiages y llevado delante de él, que le habló así: “Tu has seducido a mi hermano para
que adorase a tu Dios. Yo quiero enseñarte a sacrificar a mi dios”. Bartolomé le
respondió: “Ese Dios que me dio la potestad de mostrar a tu hermano a quien adoraba,
es decir. a Satanás, y de echarlo al infierno, de donde había salido. me da también la
fuerza para quebrar a tus dioses falsos y traerte a ti mismo la fe”. En ese momento llegó
un mensajero con la noticia de que el ídolo de Astiages había caído destrozado en tierra.
El rey, rabioso por este hecho, rasgó sus vestidos y mandó azotar al santo apóstol. Fue
atado a un árbol y despellejado, mientras él, con clara voz, predicaba; al fin le fue
atravesada la garganta con un estilete. Los verdugos lo desollaron desde los pies y le
pusieron su piel en las manos. Después de su muerte, arrojaron su sagrado cuerpo a las
fieras; pero fue por la noche rescatado por los nuevos convertidos. He visto que el rey
Polimio acudió con mucha gente y le dio honrosa sepultura. Sobre su sepulcro se edificó
una iglesia. Astiages y los que habían martirizado a Bartolomé se vieron invadidos por
el furor y el espanto, después de trece días, y corrían al sepulcro del santo implorando su
ayuda. El rey Astiages se convirtió, al fin; no así los sacerdotes idolatras, que murieron
miserablemente después de algún tiempo. (*)
(*)Sin razón identifican algunos exégetas a Bartolomé con Natanael. Bartolomé, hijo de
Tolmai, se llamaba Neftalí. Después de haber predicado en la India y Armenia, sus
reliquias están en Roma, mientras que Natanael. Después de haber predicado en
Mauritania y en Bretania, descansa en Treuga, que es León de España.

X
Simón y Judas Tadeo en Persia
Los hermanos Simón y Judas Tadeo anduvieron, después de la dispersión de los
apóstoles, por algún tiempo en compañía. Simón se dirigió al Mar Negro y hacia la
Escitia, y Tadeo hacia el Este, donde probablemente encontró a Tomás, acompañándole
un trecho, siendo luego enviado por éste con una carta al rey de Edesa, llamado Abgar.
Cuando Tadeo llegó hasta el rey, vio éste, junto al apóstol, el rostro luminoso de Jesús,
y se inclinó profundamente. Por medio de la imposición de sus manos sanó Tadeo al rey
Abgar de la lepra. Después de haber sanado y convertido a muchos en Edesa, se dirigió
con su acompañante, Silas, a través de los países que Jesús había visitado y llegó,
atravesando Arabia, hasta el Egipto. En este viaje pudo el apóstol bautizar a muchos en
Kedar; enteras poblaciones abrazaban la fe.
El apóstol Simón se dirigió, después de la muerte de María, al país de los Persas.
Llevaba de acompañantes al discípulo Abdías y a otros más. Más tarde fue Abdías
obispo de Babilonia. Por disposición de Dios, se encontraron los dos hermanos de
nuevo juntos en un campamento militar y se encaminaron a una gran ciudad
(Babilonia). Aquí les iba muy bien. He visto acontecer muchas cosas de las cuales ya no
tengo más que una vaga idea. Recuerdo que en una reunión, en presencia del rey, se
levantaron los sacerdotes idolatras contra el apóstol. Una parte de ellos tenía en un
canasto cierta cantidad de víboras del largo de un brazo y otros las tenían en las manos.
Estas víboras eran redondeadas, como anguilas, pero más delgadas; tenían cabecitas
redondas, las fauces abiertas mostraban unas lengüitas agudas, como lancetas, en actitud
de amenaza. Los sacerdotes las arrojaron contra el apóstol; pero he visto que ellas
volvían como flechas contra los mismos que las habían traído. Los mordían, y ellos
gritaban y clamaban, hasta que el apóstol mandó a las serpientes que no dañasen a esos
sacerdotes. He visto que muchos se convirtieron y el mismo rey con ellos. Los apóstoles
salieron de allí y fueron a otra ciudad y se hospedaron en la casa de un cristiano. He
visto levantarse un tumulto en la ciudad, y los dos apóstoles, juntamente con el
cristiano, fueron conducidos a un templo donde había varios ídolos montados sobre
ruedas. Se había reunido una muchedumbre tumultuosa, dentro y fuera del templo.
Recuerdo haber visto que los ídolos se desplomaron destruidos y que del templo caían
escombros. A consecuencia de esto fueron los dos apóstoles maltratados por el pueblo,
que con toda clase de armas y con la ayuda de los sacerdotes idólatras, hirieron a los
santos apóstoles, hasta dejarlos muertos. He visto como al apóstol Tadeo le partieron la
cabeza en dos partes, por en medio de la cara, con el hacha que tenía un hombre en el
cinto. Apareció una claridad y visión celestial sobre el santo mártir. Los cuerpos de
ambos apóstoles descansaron en la iglesia de San Pedro en Roma.

XI
San Felipe en Frigia y San Mateo en Etiopia
Después de Pentecostés partieron Felipe y Bartolomé hacia Gessur, en los confines de la
Siria. Felipe sanó en esta ciudad a una enferma. Al principio fue bien recibido; luego
perseguido. Pasó Felipe a la Frigia, donde ganó a muchos paganos a la fe de Cristo. En
Heriápolis, de Frigia, fue llevado delante de una estatua de Marte, por los sacerdotes,
para que ofreciera incienso. Salió debajo del mismo altar una serpiente, que mató a dos
tribunos y al hijo del mismo sacerdote del ídolo. El santo apóstol resucitó a los tres
muertos. A pesar de esto, fue azotado y luego crucificado. Querían muchos sacarlo de la
cruz mientras estaba aún vivo, pero él les rogaba que lo dejasen morir como había
muerto su Señor y Maestro. Mientras estaba aún en la cruz, fue apedreado hasta que lo
vieron muerto. Su martirio ocurrió el año 81 .
San Mateo predicó 25 años en Etiopía, y en este tiempo convirtió a una gran
muchedumbre a la fe de Cristo, entre ella al rey Egipo con roda su familia. La hija del
rey, Hifigenia, tomó la resolución de consagrarse a Dios en estado de virginidad y fue
confirmada en este propósito por el santo apóstol. Cuando lo supo el tío del rey, que se
había apoderado del reino y que pretendía a Hifigenia por esposa, mandó matar al santo
apóstol. Mientras celebraba los divinos oficios en el altar, el santo apóstol fue
traspasado por una lanza.

XII
San Marcos en Roma (*)
Con el príncipe de los apóstoles, Pedro, fue Marcos a Roma. En su Evangelio escribió
Marcos lo que Pedro le dictaba. Como se extendió por Roma una peste, se erigió allí,
por orden de Marcos, una especie de Vía Crucis. Los cristianos y los mismos paganos
que hacían el Vía Crucis se veían libres de la peste. Al ver esta maravilla muchos
paganos se convirtieron. Marcos se dirigió desde Roma a Egipto para predicar el
Evangelio. Lo he visto primero en Alejandría. Él no había querido ir allá, sino más bien
predicar de un lado para otro. Camino andando, se hirió de tal manera en el dedo indice
de la mano derecha, que hubiese perdido el dedo a no haber obtenido curación por una
maravillosa aparición, semejante a la de Saulo, que le infundió mucho temor. De su
herida le quedó toda su vida una señal colorada alrededor del dedo. Cuando entró en
Alejandría dio, en cierta ocasión, la suela de su zapato al zapatero Aniano para que se la
compusiera. Este artesano se hirió la mano al hacer el trabajo. Marcos lo sanó juntando
saliva con polvo del suelo. Se convirtió Aniano y Marcos se hospedó en su casa. Aniano
tenía una habitación grande, varios siervos, y su esposa con diez hijos. En la habitación
destinada para Marcos tenían lugar las primeras reuniones de los nuevos convertidos.
Los apóstoles no solían celebrar los divinos oficios y la Misa en una nueva comunidad,
sino cuando ésta se encontraba fortificada y convenientemente instruida. El santo
sacramento lo administraban con cierto rito durante la celebración de la santa Misa. El
zapatero Aniano tenía entre sus diez hijos, tres que luego fueron sacerdotes. He visto
que el padre fue el sucesor del mismo Marcos. En Heliópolis he visto al santo
evangelista Marcos. Allí se edificó una iglesia en el lugar donde había estado la Sagrada
Familia y también un pequeño convento. La mayoría de los bautizados aquí por Marcos,
eran judíos. Marcos fue arrojado en la cárcel de Alejandría y estrangulado con una soga.
Cuando estaba en la cárcel se le apareció Jesús con una pequeña patena y le dio un pan
redondo. Más tarde he visto su cuerpo en Venecia.
(*) lnclúyense en este capítulo algunos que no son apóstoles propiamente dichos, como
Marcos, Timoteo y otros, pero que estuvieron estrechamente vinculados a los apóstoles
de Jesucristo.

XIII
San Lucas y los cuadros de la Virgen
El evangelista Lucas estuvo con San Juan en Éfeso; luego con el apóstol Andrés. En su
ciudad natal conoció al apóstol Pablo, a quien acompañó en sus viajes. Escribió el
Evangelio, según consejos de Pablo y porque corrían falsos escritos acerca de la vida
del Señor. Escribió su Evangelio 25 años después de la Ascensión del Señor, la mayor
parte por noticias de los que habían presenciado los hechos. Ya en tiempo de la
resurrección de Lázaro lo he visto visitar los lugares donde el Señor había obrado
milagros y hacer anotaciones. Estaba en íntima relación con Bársabas. Supe también
que Marcos escribió su Evangelio por noticias de los que habían presenciado, y he visto
que ninguno de los Evangelistas, al escribir su libro, usó el escrito de los otros. Me fue
dicho que si más hubiesen escrito, menos aun les hubiesen creído. Los milagros
repetidos varias veces, no los han consignado, para no ser largos.
He visto a Lucas pintar varios cuadros de la Virgen , algunos de modo milagroso. Un
busto de María lo halló pintado y concluido, por haberlo pedido así, después que
inútilmente había intentado hacer el trabajo. Lo halló terminado mientras estaba en
éxtasis. Está conservado en Roma, en Santa María la Mayor, sobre un altar en la capilla
del Pesebre, a la derecha del altar mayor. No es, sin embargo, el original, sino una copia
del mismo. El original esta aún en una pared, que se ha convertido en una columna,
cuando se ocultaron allí, en un gran peligro, muchos objetos sagrados. Allí veo también
huesos de santos y escritos de mucha antigüedad. La iglesia tiene siete columnas. Esta
encerrado en el medio, a la derecha, de modo que el sacerdote, cuando dice Dominus
vobiscum, en el altar del cuadro de la Virgen, con su mano señala esa columna.
Lucas pintó también la imagen de María de cuerpo entero, en traje de desposada. No sé
donde se encuentra ese cuadro. Otro cuadro donde aparece María en traje de luto, de
tamaño natural, creo haberlo visto donde está el anillo de desposada de la Virgen (en
Perusa). Lucas pintó a María mientras iba camino del Calvario para bajar a Cristo de la
cruz. Esto sucedió de modo maravilloso. Cuando todos los apóstoles habían huido,
María se encaminó al amanecer hacia la cruz, creo que con María Cleofás y Salomé.
Lucas estaba en el camino y extendió un lienzo con el deseo de que quedara impresa la
imagen de María. Encontró la imagen como una sombra diseñada y según esto hizo la
pintura. Había allí dos figuras: él mismo, con el lienzo, y María, de camino. No sé si
Lucas obró así sólo para obtener la figura de María en su lienzo, o porque era costumbre
alzar un lienzo a las personas de luto, o para prestar a María un servicio como había
querido hacer la Verónica con Jesús. Este cuadro pintado por Lucas lo veo como aun
existente en medio de cierta gente, entre Siria y Armenia. Estos no son realmente
cristianos; creen en Juan Bautista y usan un bautismo de penitencia cuando quieren
purificarse de sus culpas. Lucas predicó en este lugar y obraba con el cuadro muchos
milagros. Ellos lo persiguieron, y quisieron apedrearlo. Con todo, se guardaron el
cuadro de Lucas. Tomó consigo a doce a quienes había convertido. Ellos vivieron en la
cercanía de un monte, como a doce horas del Líbano, hacia el Oriente. En los tiempos
de Lucas eran un centenar. Su iglesia la veo como una cueva en la montaña; para entrar
hay que descender; por la parte alta se ven cúpulas, como se ven ventanas en la
techumbre de una iglesia.
He visto el cuadro de Lucas en otro tiempo; yo creo que eran tiempos más modernos,
porque en los de Lucas las cosas eran más sencillas. La iglesia me pareció más grande:
las ceremonias me parecieron muy diferentes entre los habitantes. El sacerdote estaba
sentado bajo un arco, delante del altar. El cuadro estaba colgado del techo. Había
muchas lamparas ardiendo delante del cuadro, de modo que estaba ya oscuro y borroso.
Ellos alcanzaban muchas gracias del cuadro y lo honran porque han visto maravillas por
causa de él. Lucas fue martirizado siendo Obispo, creo que en Tebas. He visto como lo
ataban con sogas a un árbol de olivo y lo ultimaban a flechazos. Una flecha le dio en el
pecho y su cuerpo se inclinó hacia adelante. Entonces lo ataron nuevamente y volvieron a flecharlo. Fue
enterrado secretamente de noche. He visto que Lucas usaba como medicina, en su
periodo de curaciones, resedá con aceite de olivo mezclado, al cual bendecía. Ungía a
los enfermos, haciendo una cruz en la frente y en la boca, y usaba también resedá seca
con agua, que derramaba encima.
(*) Lucas fue discípulo del Señor, aunque no le seguía de continuo. Según San Gregario
Magno, Orígenes, Aeofilacto, Nicéforo, Metafrastes, fue con Cleofás uno de los
discípulos de Emaús.

XIV
San Bernabé, Timoteo y Saturnino
Fue enviado Bemabé desde la iglesia de Jerusalén a Antioquía, donde predicó el
Evangelio en compañía de San Pablo, durante un año, con mucho fruto espiritual, hasta
que el Espíritu Santo, por boca del profeta, le confirió la misión: “Separad a Bernabé y a
Pablo para la obra que les he encomendado”. Después que recibieron la consagración
episcopal fue Bernabé compañero de San Pablo por algún tiempo. Cuando se separó de
él hizo varias excursiones apostólicas. Estuvo en Milán, donde predicó el Evangelio. En
la isla de Chipre, su patria, fue apedreado por los judíos. Su cuerpo fue arrojado en una
hoguera, pero no se quemó. Sus discípulos lo enterraron religiosamente. Cuando en
tiempos del emperador Nerón volvió a encontrarse su cuerpo, hallaron una parte del
Evangelio de San Mateo sobre su pecho. Ha escrito algunas cosas.
Timoteo, discípulo de San Pablo, fue tomado preso en la isla de Chios, en el mismo
tiempo que el apóstol San Juan se encontraba en cautividad en la isla de Patmos. Lo he
visto siempre alto de estatura, moreno, delgado y pálido. En los viajes llevaba casaca
oscura, que recogía en la cintura. Como obispo llevaba un manto largo, de color marrón
oscuro, con flores color de oro, bordadas gruesamente. Los hilos parecían cordeles, pero
el conjunto era muy hermoso. Tenía una estola en el cuello, un cinturón en el cuerpo y
en la cabeza una especie de mitra baja, partida en dos. Era querido por todos. Tenía una
comunidad de convertidos. Hasta los mismos soldados que lo rodeaban, lo querían.
Había allí una mujer noble, cristiana, que había caído en grave culpa. Estando Timoteo
por celebrar los misterios en una pequeña iglesia, ya en el altar, conoció por revelación
la culpa de esa persona, que llegaba a la iglesia para oír la Misa. Salió entonces el santo
obispo a la puerta e impuso a la mujer la penitencia de su culpa, impidiéndole la
entrada. A consecuencia de esto, se levantó una persecución contra el santo. Fue
desterrado a la Armenia, y libertado, antes que Juan lo fuera de la isla de Patmos. San
Pablo lo envió como obispo a Éfeso. En esta ciudad fue muerto, porque había censurado
enérgicamente los desordenes de unas orgías celebradas esos días con mascaras,
llevando los ídolos en las bacanales.
Saturnino, que junto con el apóstol Andrés siguió a Jesús después del bautismo del
Jordán, predicó después de la muerte de Cristo, en Tarso. Aquí estaba a punto de ser
muerto por los paganos; pero se levantó un viento con tanto polvo, que llenando los ojos
de los perseguidores, permitió a Saturnino huir de la ira de sus adversarios. Estuvo
también en Roma con San Pedro y fue enviado por él a las Galias. Allí estuvo en Arelat,
en Nimes y en varias otras comarcas del país. En Tolosa se detuvo mayor tiempo y
convirtió a muchos paganos, después de haber sanado de lepra a una mujer que se hizo
cristiana. En Tolosa fue martirizado. Sobre una montaña donde había un templo a los
ídolos, el santo fue aprehendido por los paganos y atado a un toro furioso, el cual lo
arrastro por entre espinas y piedras del camino, barranca abajo. Cuando el toro furioso
se detuvo, al caer del barranco, el santo tenía la cabeza partida. Así consumó su
martirio. Su fiesta se celebra el 29 de febrero.

XV
Lázaro, Marta y Magdalena en el sur de Francia
Tres o cuatro años después de la muerte de Cristo prendieron los judíos a Lázaro, Marta
y Magdalena. Prendieron también al discípulo Maximino y a aquel ciego de nacimiento
curado por Jesús, que se llamaba Chelitonio y a dos doncellas y los depusieron sobre un
barco desmantelado, sin remos ni velas, abandonándolos a merced de las olas. Por
milagro de Dios escaparon del naufragio. Con el auxilio del Señor, el buque fue llevado
con extraordinaria velocidad a través del mar, y se detuvo en las costas del Sur de
Francia, cerca de la ciudad de Massilia, hoy Marsella. Cuando llegaron a esta ciudad, se
festejaban los bacanales de unos ídolos. Los siete extranjeros se sentaron bajo un
corredor de columnas, en lugar abierto. Permanecieron largo tiempo así, indecisos. Fue
Marta la primera que, después de haberse confortado con lo que traían en sus pequeños
recipientes, se mezcló con la gente del pueblo, que se había acercado a ellos y les dio a
entender como habían llegado hasta allí. Les habló también de Jesús, y se mantuvo muy
movida. He visto también como más tarde les arrojaban piedras para ahuyentarlos; pero
las piedras no los herían, y quedaron en ese sitio hasta la mañana siguiente. Los demás
también habían comenzado a hablar y a hacerse entender. Así pudieron ganarse la
simpatía de algunas personas. Al otro día acudió gente desde una gran casa, que tengo
por alcaldía, y le preguntaron muchas cosas. Permanecieron otro día más bajo las
arcadas, entreteniéndose con las gentes que pasaban, que se detenían para ver a los
forasteros. Al tercer día fueron conducidos a la casa grande, delante del jefe, separados
en dos grupos. Los hombres quedaron con el jefe allí y las mujeres fueron llevadas a
otra casa de la ciudad. Se los trató bien y se les dio de comer. He visto que predicaban y
enseñaban en los lugares donde los llevaban y que el jefe del lugar dio orden en la
ciudad de no molestar a los forasteros. Pronto se dejaron bautizar muchos habitantes.
Lázaro bautizaba en una gran fuente, en la plaza, delante del templo, el cual poco a poco
se iba quedando desierto. Creo que el jefe también se hizo bautizar. No permanecieron
largo tiempo juntos. Mas tarde Lázaro continuó predicando allí como Obispo.
Marta se dirigió con las dos doncellas a una región salvaje, rocosa, cerca de la ciudad de
Aix, donde habitaban muchas esclavas paganas, a las cuales convirtió. Más tarde se
edificó un convento y una iglesia. Habitaba allí un monstruo, que causaba mucho daño
en la comarca, a orilla de un río. Marta llegó en el momento en que la bestia devoraba a
un hombre. Marta sujetó al monstruo, echándole un cinturón al cuello, en nombre de
Jesús, y lo ahogaba, mientras el pueblo que presenciaba la escena acabó por matarlo.
A menudo predicaba Marta el Evangelio delante de mucha gente, en lugares abiertos y a
orillas del río. Ella y sus compañeros acostumbraban hacerse una especie de púlpito con
piedras superpuestas. Las colocaban formando escalones; dentro quedaba la altura vacía
como una bóveda; encima ponían una gruesa piedra, sobre la cual predicaba de pie.
Hacia esto como un albañil no lo haría mejor; siempre la he visto ingeniosa y
extraordinariamente ordenada. Cierto día sucedió que estaba Marta predicando sobre
esta altura, a orillas del río. Quiso un joven acercarse nadando desde la otra orilla para
oír lo que decía; pero el agua lo venció y el infeliz pereció ahogado. Por esto la gente se
mostró contrariada con la santa y le echaba en cara que se había rodeado sólo de
esclavas, a las cuales había logrado convertir. Cuando al día siguiente el padre encontró
el cadáver de su hijo ahogado, lo llevó, en presencia del pueblo, adonde estaba Marta,
diciendo que sólo si volvía la vida a su hijo podía creer en Cristo y en el Dios que
anunciaba. Entonces Marta mando al joven, en nombre de Jesús, volver a la vida, y
aquél resucitó. El joven resucitado, el padre y muchas personas se hicieron cristianos:
otros no se convinieron y tenían a Marta por hechicera. He visto que uno de sus
compañeros de viaje, creo que el discípulo Maximino, llegó a la comarca para visitar a
Marta y le dio la santa comunión. Marta trabajó, enseñó y convirtió a muchos habitantes
de la región. Cuando Magdalena se separó de ellos, se retiró a una región solitaria donde
moraba sola en una cueva, que acomodó para vivienda. Maximino acercábase algunas
veces, a mitad del camino, donde estaba Magdalena, para darle la santa comunión.
Magdalena murió poco antes de su hermana y fue sepultada en el convento de Marta.
Sobre la cueva de su habitación edificó Maximino una capilla.

XVI
San Clemente Romano (*)
Con San Pablo no he visto a Clemente; pero a menudo lo he visto con Bernabé: también
con Timoteo, Lucas y Pedro. Él era romano, pero sus antepasados eran judíos de los
confines de Egipto. Estaba casado, y recibió una inspiración de vivir en continencia, lo
cual practicó también su esposa, que más tarde, me parece, fue martirizada. Fue el tercer
Papa, después de Pedro. He visto al papa Clemente poco antes de la persecución. Estaba
extraordinariamente demacrado y pálido: tan abatido lo he visto que parecía a Nuestro
Señor cuando llevaba la cruz. Sus mejillas hundidas y su boca contraída por la tristeza
con que miraba la ceguera y falsedad de la gente del mundo. Lo he visto enseñando en
una sala, sentado. Sus oyentes eran de muy diversas ideas: algunos tristes y
conmovidos, otros fingían estarlo, y se alegraban del próximo fin que entreveían
acercarse. Otros dudaban y no se decidían a creer. Entonces entraron soldados romanos
y lo redujeron a prisión. Lo arrastraron y lo pusieron en un carro. Detrás había un
asiento escondido y delante otros abiertos. Pusieron detrás al santo. Subieron unos seis
soldados con él en el carro; otros caminaban al lado. Los caballos eran más pequeños y
cortos que los de ahora, y con arreos diferentes; no tenían tantas correas. He visto al
santo viajar día y noche, muy paciente, con aire de tristeza. Cuando llegaron al mar, fue
embarcado en un barco y el carro volvió por su camino. Después tuve una visión de la
comarca adonde fue llevado Clemente. Era una región, miserable, desierta y estéril,
donde había muchísimas cuevas: todo el contorno era triste y pobre. Clemente fue
llevado a una casa que tenía dos alas, una de las cuales salía del medio de la anterior.
Cada ala de la misma tenía un pórtico con columnas alrededor. Clemente fue
introducido por una puerta, y llevado al ala donde estaba el jefe del lugar; luego fue
llevado al ala donde estaban los prisioneros. He visto a Clemente en un desierto
rogando por agua. Vino del cielo un  rayo luminoso que se abrió como un tubo de
embalar y de él salió un cordero que con un pie le alcanzaba una vara de punta aguda
como una flecha. Abajo, en el suelo, había otro cordero. Clemente tomó la vara, en la
tierra y salió al punto un chorro de agua. Los corderos desaparecieron al punto.
Clemente había rogado para tener el santo Sacramento. Todos los que bebían de esa
agua se sentían inclinados hacia el santo Sacramento. Clemente convirtió y bautizó a
muchos paganos. Lo he visto en su martirio: lo arrojaron en una cueva llena de víboras
y luego echaban agua dentro. Él logró salir con una escalera. He visto como lo arrojaron
al mar, desde una nave, con un ancla atada a su cuello. Allí donde fue arrastrado su
cuerpo, se formó un sepulcro en la roca, que se hizo visible cuando se retiró el mar. Los
cristianos hicieron de esa roca una capilla, en torno de la sepultura, que a veces quedaba
sepultada bajo las aguas del mar. Su fiesta se celebra el 25 de noviembre.
(*) Baronio asegura (11, 105-113): “Sobre la vida y martirio de Clemente, tenemos las
tradiciones más seguras tanto entre los griegos como entre los romanos. La Passio
Clementis era leida en las iglesias “.

XVII
San Ignacio de Antioquía
He visto a Jesús delante de una casita con sus discípulos. Jesús mando a uno de ellos a
la casa de enfrente que trajese a una mujer con sus hijos, la cual vino con ellos, y aun
con el más pequeño, que tendría tres o cuatro años. Cuando llegó el niño delante del
Señor, se volvió a cerrar el circulo abierto en torno del Señor y los apóstoles, y el niño
quedó dentro. Jesús habló de él: le puso las manos sobre la cabeza y lo estrechó contra
su pecho. La madre se volvió y el niño le fue llevado nuevamente. Este niño fue más
tarde San Ignacio de Antioquía. Había sido un niño bueno, pero con la bendición de
Jesús quedó transformado. Lo he visto ir a menudo solo al lugar donde Jesús lo había
bendecido, besar la tierra y decir: “aquí estuvo ese santo Hombre”. Lo he visto jugando
con otros niños, elegir apóstoles y discípulos y recorrer, como en juego, los alrededores,
enseñando e imitando lo que había visto hacer al Señor. Lo he visto con otros niños en
el lugar de la bendición contándoles el hecho, y diciéndoles que debían también ellos
besar el lugar. Sus padres vivían y los he visto maravillarse de lo que veían en el niño y
conmoverse y hacerse cristianos. Más tarde se unió a los apóstoles, especialmente a
Juan, del cual se hizo familiar, y he visto que después Juan lo consagró sacerdote.
Cuando Juan fue encerrado la primera vez en prisión, no quiso Ignacio abandonarlo.
Después de Evodio, que sucedió a Pedro en la sede de Antioquía, le siguió Ignacio, que
fue hecho obispo por Juan, me parece, o por Pedro mismo.
He visto que por esa comarca pasó un Emperador, a quien fue presentado Ignacio
delante, y en público le preguntó el Emperador si era él el que, como un mal espíritu,
traía revuelta la ciudad. Ignacio le contesto diciendo por qué llamaba demonio a uno
que tenía a Dios en su corazón. El Emperador preguntó si sabia quién era el que le
interrogaba, y el santo contesto que sí, y que era el primero a quien enviaba el demonio
para reprochar a un servidor de Dios. El Emperador lo condenó a ser martirizado en
Roma, e Ignacio le dio las gracias por ello con suma alegría. He visto que lo ataban y
llevaban a otra ciudad para embarcarlo. Había allí soldados que lo custodiaban y lo
hacían sufrir mucho. Lo he visto desembarcar y por donde él pasaba acudían muchos
obispos y cristianos para darle el saludo y pedirle la bendición. En Esmirna se detuvo
con el Obispo Policarpo, que había sido su condiscípulo; todos estaban muy contentos
de verse, y él exhortaba y animaba a todos. Aquí lo he visto escribir cartas. He oído
como él escribía y deseaba que rogasen para que las fieras lo triturasen como al trigo en
un molino, para ser digno pan para el Señor y para el sacrificio.
También en Roma acudieron cristianos al encuentro del santo, lloraban y se hincaban
delante de él y le pedían la bendición. También les decía que deseaba ser triturado para
ser una hostia para el Señor. Todo su camino fue un triunfo. Lo he visto llegar al lugar
del martirio. Allí oró deseando que los leones le diesen tiempo de terminar su oración;
que luego lo devorasen, que dejasen sólo algunos huesos y su corazón, para que ellos
pudiesen aun obrar algo por Cristo sobre la tierra. Aquí se me dio una enseñanza sobre
la virtud y la importancia del culto de las reliquias. Como él había pedido, así se realizó.
De pronto se lanzaron los leones furiosos sobre él; en un momento estuvo muerto. Lo
devoraban y lamían su sangre. Nada quedó sino sólo unos huesos grandes y su corazón.
He visto como cuando sacaban de allí a los leones y el público se dispersaba, los
cristianos acudían y se disputaban sus reliquias. Todos miraban su corazón, y vieron las
letras del nombre de Jesús grabadas como en el título de la cruz. Las letras parecían
formadas de venas de color azulado, nacidas allí dentro.